La energía se acerca: la Comunidad Energética

Una Comunidad Energética es una configuración de autoconsumo colectivo de energía renovable producida localmente, capaz de dar vida a un ecosistema energético activo y colaborativo. En la vida cotidiana podemos imaginarla como una red virtual de intercambio de energía que conecta edificios públicos y privados, viviendas, empresas y escuelas. Gracias a las instalaciones fotovoltaicas, la energía producida ya no es solo un recurso para quien la genera, sino que se convierte en un bien compartido para toda la comunidad.

Es en este contexto donde el concepto de Comunidad Energética se materializa. Quienes la hacen viva y activa son precisamente sus participantes: los prosumers, que producen y autoconsumen energía, y los consumers que, aun no poseyendo una instalación, asumen un papel igualmente fundamental. Su participación consciente, a través del mecanismo de la simultaneidad entre la energía vertida a la red por los prosumers y la energía retirada por los consumers, permite maximizar el autoconsumo distribuido y contribuir al equilibrio en la red de la energía producida a partir de fuentes renovables. Juntos se convierten en energy citizens, protagonistas conscientes que, actuando de forma colectiva, introducen la transición energética en la vida cotidiana.

Mientras que el AUC y el AID contemplan límites más definidos, la adhesión a una Comunidad Energética Renovable (CER) es por naturaleza abierta a una amplia variedad de sujetos. Pueden convertirse en miembros personas físicas, Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), entidades territoriales y administraciones locales, centros de investigación, entidades religiosas y del tercer sector. Dentro de la comunidad, estos miembros pueden asumir después distintos roles operativos.

Anatomía de una Comunidad Energética

Las configuraciones de autoconsumo distribuido se estructuran como un ecosistema en el que las personas, apoyadas por la tecnología y por un marco normativo definido, interactúan con un objetivo común: compartir energía. Los protagonistas de este modelo son los propios participantes, que actúan con roles distintos pero complementarios: los consumers y los prosumers. La normativa prevé además la posibilidad de incluir «productores terceros»: sujetos externos que ponen a disposición de la comunidad la energía producida por sus propias instalaciones.

Quien guía esta interacción es el eeferente: la figura (persona física o jurídica) responsable de la gestión técnica y administrativa y único interlocutor con el GSE (Gestore dei Servizi Energetici). Dependiendo del tipo de configuración, este rol puede ser asumido por la propia comunidad, por uno de sus miembros, por el administrador del edificio o delegado a un sujeto tercero. Este último caso está representado por una ESCo (Energy Service Company, certificada UNI11352), que puede asumir este rol de gestor únicamente si es también el productor tercero que pone a disposición de la configuración la energía de una instalación propia.

La tecnología: del intercambio a la flexibilidad

La estructura de una CACER se basa en la generación de energía renovable, confiada en la mayoría de los casos a instalaciones fotovoltaicas. El objetivo del modelo es el autoconsumo distribuido, cuyo beneficio económico se genera a través del mecanismo de la simultaneidad entre la energía vertida a la red por los productores y la energía retirada por los consumidores.

Para maximizar este resultado, el primer paso es el correcto diseño de la configuración, equilibrando de forma estratégica producción y consumo. A ello se suma el papel de la Digital Energy: aunque las plataformas de gestión complejas y los contadores inteligentes en cada punto de suministro no sean obligatorios —considerando los costes que, especialmente en las configuraciones AUC, no siempre son sostenibles—, el seguimiento de los flujos energéticos sigue siendo un elemento clave. Proporcionar a los miembros datos claros, por ejemplo a través de una aplicación, es importante para hacerlos conscientes e incentivar ese cambio de comportamiento (como programar los consumos en las franjas de máxima producción) que hace virtuosa a la comunidad.

Un capítulo aparte, lleno de potencial, es el de la flexibilidad. Para permitir que en el futuro las CACER puedan ofrecer verdaderos servicios a la red, serán centrales precisamente aquellas tecnologías hoy no indispensables, como los sistemas de almacenamiento (BESS) y las plataformas de gestión avanzadas. Baterías y flexibilidad son una combinación sobre la que se está construyendo el futuro del sistema energético, un espacio en el que las configuraciones de autoconsumo podrán evolucionar.

El futuro es compartido: los beneficios de las Comunidades Energéticas

El éxito de las Comunidades Energéticas nace de su capacidad para generar valor compartido, configurándose como un verdadero motor de desarrollo sostenible para los territorios.

La ventaja más inmediata para los miembros es económica: la energía compartida permite reducir los costes energéticos y, al mismo tiempo, aumenta la resiliencia energética de la comunidad local.

Pero es en la dimensión social donde las configuraciones de autoconsumo expresan toda su fuerza. El intercambio no es un acto pasivo: se transforma en un compromiso colectivo que estimula la responsabilidad individual, impulsando a cada miembro a «poner de su parte» mediante un uso más consciente de los recursos. Este enfoque favorece la inclusión y crea nuevas oportunidades de colaboración entre ciudadanos, empresas y entidades públicas.
Al gestionar la energía como un bien común, se da vida a una economía del intercambio (sharing economy) que redistribuye el valor creado. En esta perspectiva, la difusión de las energías renovables no es solo un objetivo medioambiental, sino la consecuencia directa de un modelo de desarrollo más consciente y verdaderamente participativo.

Los proyectos de Plenitude

El compromiso de Plenitude con las Comunidades Energéticas se traduce en proyectos concretos que nacen de una experiencia consolidada. Desde 2021, con iniciativas piloto como el proyecto de autoconsumo colectivo EvoNaRse en Nápoles, se han probado sobre el terreno las tecnologías que hoy constituyen la base de las comunidades energéticas. Esta competencia se refleja actualmente en soluciones a gran escala, en particular en la configuración de Autoconsumo Individual a Distancia (AID).

Nuova Simplast

En colaboración con esta empresa especializada en el moldeo de materiales plásticos, Plenitude está construyendo en Montà d’Alba (CN) una instalación fotovoltaica de 758 kWp que compartirá de forma virtual la energía producida con cinco puntos de suministro de Nuova Simplast, permitiendo acceder a los incentivos estatales a veinte años previstos por la ley para las CACER, de los cuales una parte se destinará, según lo establecido por la normativa, al apoyo de iniciativas sociales en el territorio.

Mira el video

Historia y evolución normativa

El concepto de producción energética distribuida y compartida no es nuevo, sino que hunde sus raíces en las primeras cooperativas energéticas nacidas en Europa hace más de un siglo. Sin embargo, la diferencia entre aquellas experiencias pioneras y las comunidades actuales no es solo normativa, sino cualitativa. Si entonces el objetivo era principalmente mutualista, es decir, llevar la electricidad donde no existía, hoy nos encontramos ante un modelo mucho más complejo e interconectado. La transformación ha sido posible gracias a la madurez tecnológica y a una nueva visión estratégica: la idea no es solo producir energía, sino gestionarla activamente, transformando un fenómeno durante mucho tiempo marginal en un pilar de la estrategia energética europea. El camino normativo que ha permitido este salto cualitativo ha estado marcado por algunas etapas fundamentales.

Target raggiunti e prospettive future

Las directivas europeas

El Clean Energy for all Europeans Package (en particular las directivas RED II de 2018 y IEM de 2019) introdujo y definió por primera vez los conceptos de «Comunidad de Energía Renovable» (CER) y «Comunidad Energética de Ciudadanos» (CEC), reconociendo su papel clave para la consecución de los objetivos de descarbonización.

La experimentación en Italia

El primer paso normativo en Italia se produjo con el Decreto Milleproroghe (DL 162/2019), que dio inicio a una fase experimental permitiendo el nacimiento de las primeras comunidades energéticas modernas.

La definición del marco orgánico

Posteriormente, el Decreto Legislativo 199/2021 incorporó de forma estructurada las directivas europeas, definiendo el marco normativo completo para el autoconsumo distribuido.

La intervención de ARERA con el TIAD

A finales de diciembre de 2022, la Autoridad de la Energía (ARERA) publicó el TIAD (Testo Integrato Autoconsumo Diffuso), modificado posteriormente en 2024. Este documento fundamental definió las modalidades para la valorización del autoconsumo distribuido en las configuraciones previstas por los Decretos Legislativos 199/21 y 210/21.

La plena operatividad

El paso final fue la promulgación del Decreto Ministerial n.º 414/23 (Decreto CACER), que definió las tarifas incentivadoras y las modalidades de acceso a los fondos del PNRR. A ello siguió la publicación de las Reglas Operativas (RO) por parte del GSE, que regulan los procedimientos concretos para el acceso a los beneficios, en un marco normativo destinado a evolucionar con modificaciones posteriores.

La energía para la comunidad

Antiguamente, en los pueblos de montaña, el horno comunitario era el corazón de la vida social. Las familias llevaban su propio pan para hornearlo, optimizando el uso de un recurso valioso —la energía— para un beneficio compartido por todos. Las Comunidades Energéticas retoman hoy ese mismo principio: optimizar un recurso, la energía producida a partir de fuentes renovables, para crear una ventaja para toda la comunidad.

De este modo, la energía se acerca: no solo porque se produce localmente, sino porque, como el pan de antaño, se comparte de forma inteligente. En este modelo reside su doble valor, estratégico y solidario, como instrumento para la transición energética y, al mismo tiempo, como proyecto de cohesión social, capaz de construir un futuro más cercano a las personas.