La energía solar: los proyectos de Plenitude, la tecnología y la historia

De los parques fotovoltaicos al autoconsumo: la energía del sol con Plenitude.

La energía solar desempeña un papel central en la transición energética actual. Transformar la luz solar en energía renovable es un camino que se desarrolla a través de dos líneas fundamentales, ambas en el centro del modelo de negocio de Plenitude. Por un lado, el desarrollo y la gestión de parques fotovoltaicos a gran escala, diseñados para generar e inyectar energía renovable a la red mediante proyectos capaces también de valorizar territorios y áreas industriales en desuso. Por otro lado, la difusión de soluciones avanzadas de autoconsumo, para ofrecer a familias, comunidades de vecinos y empresas las herramientas necesarias para autogenerar parte de su propia energía.

El compromiso de Plenitude con la energía fotovoltaica

Parques solares, parques fotovoltaicos, centrales solares o solar farms. Diferentes nombres para referirse a una misma realidad: instalaciones utility scale que producen energía eléctrica para inyectarla en la red. Se extienden sobre amplias superficies, a menudo situadas en zonas rurales o industriales con elevada irradiación solar. Son un ejemplo perfecto los grandes proyectos internacionales desarrollados por Plenitude: desde la planta de Renopool en España, que con sus 330 MW de capacidad instalada representa el parque solar más grande jamás construido por la compañía, hasta la instalación de 50 MW de Zhanaozen, en Kazajistán, integrada en una central híbrida que combina energía solar, eólica y gas.

Instalaciones fotovoltaicas

Un parque fotovoltaico es el resultado de una cuidadosa planificación que tiene en cuenta no solo el potencial de irradiación solar, sino también el territorio y su integración con las actividades que habitualmente se desarrollan en él. Está compuesto por miles de paneles solares conectados a inversores centralizados de alta potencia, y los paneles pueden ser fijos o estar equipados con seguidores solares (trackers), que permiten su rotación en función de la radiación solar, como ocurre, por ejemplo, en la planta española de La Flota (Murcia), equipada con módulos bifaciales de seguimiento solar. La energía producida se inyecta en la red eléctrica nacional mediante subestaciones transformadoras que elevan la tensión para agilizar su distribución.

Fotovoltaica: cómo funciona

Pero, ¿cómo se produce esta transformación desde un punto de vista más técnico? Tanto si se encuentra en un parque fotovoltaico como en el tejado de una vivienda, la energía fotovoltaica se basa en una tecnología que convierte la energía solar en electricidad a través de paneles solares. Estos están formados por células fotovoltaicas que, al recibir la luz solar, activan el efecto fotovoltaico generando corriente continua. Esta se transfiere posteriormente al inversor, que la convierte en corriente alterna para su consumo, inyección a la red o almacenamiento en baterías (flujos registrados por un contador bidireccional y controlados mediante un sistema de monitorización). La diferencia en este proceso la marcan precisamente los propios paneles, que varían según los materiales utilizados y su rendimiento. La inmensa mayoría utilizan silicio, siendo el silicio monocristalino de tipo n-type, el que actualmente destaca por su excelente equilibrio entre eficiencia y menor degradación con el paso del tiempo. En el futuro, la perovskita se perfila como un material capaz de ofrecer prestaciones aún mayores, y la investigación trabaja para garantizar la estabilidad necesaria que permita su difusión a gran escala. Una evolución tecnológica orientada a mejorar el rendimiento energético y a favorecer una mayor integración de las instalaciones con el entorno.

Fotovoltaica y territorio

Agricultura y energía solar

Agrivoltaica es el término utilizado para describir la instalación de parques solares en terrenos agrícolas de modo que ambas actividades puedan integrarse. Los paneles se instalan a una altura suficiente para que resulten menos invasivos o pueden utilizarse para crear zonas de sombra beneficiosas para determinados cultivos. También pueden incorporar sensores para monitorizar las condiciones del suelo y de las plantas, optimizando así el riego y la fertilización. En Villarino de los Aires, en la provincia de Salamanca, Plenitude ha construido una planta fotovoltaica con una capacidad instalada de 220 MW. Con una superficie de aproximadamente 286 hectáreas, se encuentra entre las principales instalaciones de la región de Castilla y León.

Fotovoltaica e integración territorial

Un ejemplo interesante de cómo las infraestructuras energéticas pueden integrarse con el entorno local procede de España, donde el desarrollo de nuevas instalaciones se combina con una especial atención al patrimonio histórico. Durante la construcción del parque solar de Caparacena (150 MW), las actividades de monitorización preventiva del emplazamiento permitieron identificar y proteger una necrópolis ibérica del siglo VI a. C., que contenía antiguas urnas funerarias de cerámica. La zona fue gestionada en estrecha colaboración con las autoridades competentes para preservar los hallazgos arqueológicos descubiertos, siguiendo un enfoque aplicado con éxito también en el proyecto Renopool. Allí, Plenitude catalogó y conservó los hallazgos arqueológicos encontrados durante la fase de construcción para ponerlos a disposición de futuras actividades de investigación.

La fotovoltaica para revalorizar áreas industriales en desuso

Los parques fotovoltaicos también pueden utilizarse para recuperar zonas industriales abandonadas, transformándolas nuevamente en un recurso para la economía local. Plenitude, por ejemplo, participó en la descontaminación de un área de 11 hectáreas en Ravenna Ponticelle (propiedad de Eni), donde las actuaciones de seguridad permanente previstas por el Plan Operativo de Remediación incluyeron la construcción de una cubierta impermeable (capping).

Precisamente sobre esta área se instalaron más de 10.000 paneles solares, alcanzando una capacidad total de 6 MW. Los módulos, bifaciales de silicio monocristalino, aprovechan también su cara posterior para producir energía y están montados sobre estructuras especiales de seguimiento solar. Estas se fijaron mediante sistemas de lastre apoyados directamente sobre el capping, integrándose plenamente en el proyecto de recuperación del emplazamiento.

Fotovoltaica y autoconsumo

Junto a la energía fotovoltaica utility scale, destinada a producir electricidad para su inyección en la red, existe un modelo de instalaciones en fuerte crecimiento basado en el autoconsumo energético. Se trata de instalaciones más pequeñas, utilizadas para cubrir parte de las necesidades energéticas de instalaciones productivas o, más frecuentemente, del ámbito doméstico. Estas instalaciones están destinadas principalmente al autoconsumo residencial: pueden observarse fácilmente en los tejados de viviendas o en sus inmediaciones y se dimensionan de acuerdo con las necesidades energéticas del usuario. Pueden combinarse con sistemas inteligentes de gestión energética que optimizan los consumos en función de la producción. Además, la integración de sistemas de almacenamiento mediante baterías permite acumular la energía producida durante el día y no utilizada en ese momento para emplearla posteriormente por la noche o, en general, cuando la instalación no está generando electricidad. De este modo, es posible aumentar aún más la cuota de autoconsumo.

La comunidad energética

Las comunidades energéticas representan un modelo de producción y consumo de energía basado en la colaboración y el intercambio de recursos. Desde un punto de vista técnico, pueden describirse como una red virtual entre múltiples unidades de producción y consumo, en la que pueden participar tanto entidades públicas como privadas, obteniendo todas ellas beneficios. Quienes disponen de una instalación fotovoltaica propia no solo pueden producir la energía para su consumo directo, sino también compartir con otros miembros de la comunidad aquella parte que no autoconsumen y recibir a cambio un incentivo económico. La normativa italiana engloba actualmente las diferentes formas de producción y compartición local de energía bajo el acrónimo CACER (Configuraciones de Autoconsumo para Compartir Energía Renovable).

¿Cómo funciona una Comunidad Energética?

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El futuro de la energía solar

Desde el descubrimiento del efecto fotovoltaico por Edmond Becquerel en 1839 hasta nuestros días, la historia de la energía solar ha experimentado un progreso constante y extraordinariamente rápido, convirtiendo un avance científico en uno de los pilares fundamentales de la transición energética actual. La electrificación de los consumos caracteriza este proceso y requiere una combinación de diferentes fuentes energéticas en la que la energía fotovoltaica desempeña un papel cada vez más relevante. Su escalabilidad y la posibilidad de utilizarla tanto en instalaciones utility scale como residenciales la convierten en una de las tecnologías más versátiles, cuya expansión se ve favorecida por el papel activo que asumen los usuarios en la producción y el consumo de energía. La creciente digitalización de la energía permite supervisar y controlar directamente la producción y su utilización, favoreciendo la eficiencia energética y el autoconsumo.

En este contexto, la aplicación de la inteligencia artificial abre nuevos horizontes mediante el desarrollo de servicios y tecnologías capaces de permitir formas de consumo aún más eficientes, optimizando la distribución de cargas y la gestión de la demanda. Pensemos, por ejemplo, en sistemas inteligentes de almacenamiento que, gracias a algoritmos predictivos, aprenden de los hábitos de consumo y de las condiciones meteorológicas, almacenando energía en los momentos más oportunos y liberándola cuando la demanda es mayor. La IA también podrá contribuir a que las redes eléctricas sean cada vez más inteligentes, eficientes y automatizadas, favoreciendo la integración de distintas fuentes energéticas y el intercambio de energía entre prosumidores, mediante la creación de comunidades energéticas virtuales cada vez más amplias y complejas.

El futuro de la energía solar se perfila, por tanto, como un ecosistema energético profundamente interconectado y digitalizado, donde la producción, la distribución y el consumo estarán cada vez más integrados y gestionados de forma inteligente gracias a una extensa red de dispositivos y algoritmos en constante interacción.

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